Arte robado y falsificado
El falsificador de arte que se transformó en una estrella de la TV

Junto al estafador John Drewe, el pintor John Myatt vendió imitaciones de obras de maestros como Chagall, Matisse y Picasso a casas de subastas y coleccionistas. Tras estar en la cárcel, ha logrado fama al conducir su propio programa: Falsificadores.
Al principio, John Myatt pensó que la llamada telefónica era lo más parecido a un regalo caído del cielo. Luego de que su mujer lo abandonara y a cargo de dos hijos pequeños, Myatt resistía con esfuerzo su inminente quiebra económica. Trabajaba como profesor de arte en algunos colegios del condado de Staffordshire, Inglaterra, y desde hace un tiempo pintaba a pedido, después de publicar un aviso en la revista Private Eye, donde ofrecía: "falsificaciones genuinas. Pinturas del siglo XIX y XX desde 200 dólares". Una tarde de 1986, uno de sus clientes frecuentes, el coleccionista y físico John Drewe, lo llamó con una excelente noticia: su falsificación de un cuadro de Albert Gleizes había sido comprado por 380 mil dólares. Pero había un detalle: la compra la había hecho la casa de subastas Christie's, donde se pensaba que la obra era original.

 

localización arte falsificado

 

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Elmyr de Hory

Elmyr de Hory (nacido 'Hoffmann Elemér') ( Budapest, 1906 – Ibiza, 11 de diciembre de 1976) fue un famoso pintor y falsificador húngaro que durante su vida vendió más de 1.000 falsificaciones de cuadros. Sus falsificaciones ganaron fama después de que Clifford Irving le dedicase un libro, y posteriormente apareciese en el documental Fraude (F for Fake) de Orson Welles.

Es posible que realmente él no fuera ningún falsificador, sino un magnífico imitador de estilos de otros pintores famosos. Elmyr pintaba los cuadros sin firmar y es posible que su marchante pusiera las firmas. Posiblemente, nunca se sabrá si él conocía o no el destino de sus cuadros firmados, aunque él siempre afirmó que era inocente.

 

 

"El detective del saqueo nazi"

Héctor Feliciano reescribe en español la historia del robo de decenas de miles de obras de arte organizado por Hitler y Goering, grandes amantes de la pintura, en la Francia ocupada.

Como muchas grandes historias, ésta empezó por casualidad. En los años ochenta, el puertorriqueño Héctor Feliciano era corresponsal cultural de The Washington Post en París. "Estaba haciendo una nota sobre una exposición, y al acabar la entrevista con el galerista me comentó su extrañeza por que nadie hablara del expolio de obras de arte que sufrió Francia durante la ocupación. La historia me intrigó mucho, me puse a investigar y...".

La investigación duró ocho años. En 1996, Feliciano publicó en francés el libro El museo desaparecido, que sacó a la luz los detalles de uno de los mayores saqueos de la historia: los nazis robaron cientos de miles de obras de arte durante la ocupación de Francia, entre 1940 y 1944. El periodista certificó que sólo en esos cuatro años salieron 29 convoyes desde Francia hacia Alemania "cargados con 100.000 cuadros, esculturas y dibujos procedentes de colecciones privadas, es decir, un tercio del arte que estaba entonces en manos privadas francesas".

 

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"Los grandes robos de arte nunca se hacen por dinero"

Erik "El Belga", el ladrón de piezas artísticas más importante del siglo XX

René Alphonse van den Berghe más conocido por Erik «el Belga», el ladrón de arte más importante del siglo XX -según la Policía, que lo subraya con un «sin exagerar»- es a sus 63 años, un hombre de Dios, en el sentido literal de la expresión. Una especie de milagro plagado de achaques. Quién lo diría después de haber sido acusado de desvalijar gran parte de las iglesias y ermitas de Cataluña, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Galicia, de donde las muestras del románico, hace cuatro lustros, volaban. ¡Pero si el párroco de la catedral de Roda se pasó 16 años durmiendo en el templo por temor a que Erik volviera después de que le expoliara hasta la última talla en uno de sus golpes más sonados! Cómo iba a pensar que aquel ladrón arrepentido le regalaría tiempo después una colección de pinturas para subastar y reparar el retablo catedralicio. Cómo siquiera intuir que de la mano de aquel bandido saliera dos décadas después la imagen de la Virgen de la Cabeza a la que la localidad granadina de Cullar Baza procesiona y reza, tras el robo de su Virgen verdadera. De dónde imaginar que incluso para Ella haya pintado toda una galería de cuadros lo que la convierte en la única Virgen dueña de una cotizada colección de arte que se inauguraba ayer. Y eso que me dice su mujer que es mejor tallista que pintor «porque falsificó el retablo de Oberwesel, se lo vendió a los alemanes y tardaron 20 años en darse cuenta de que era imitación. Lo hizo como venganza por el Holocausto, donde su padre padeció en un campo de concentración. Pero ahora -repite- es un hombre de Dios que solo hace el bien, pinta y dona obras, expertiza y restaura».

 
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